Está en marcha un plan de restauración de la histórica Manzana de las Luces

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Publicado: 12/11/2019
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Delimitada por las calles Perú, Moreno, Bolívar y Adolfo Alsina, la manzana fue escenario de tantos usos como historias posibles en los últimos 300 años. Ahora está deteriorada. Y está en marcha un plan de restauración.

Fueron jesuitas los primeros en ocuparla. Se establecieron para el 1675. Construyeron residencias, una iglesia -una versión de adobe ubicada en el mismo lugar donde hoy se encuentra San Ignacio de Loyola, en Bolívar y Adolfo Alsina- y un colegio, en donde hoy funciona el Nacional Buenos Aires​. También instalaron la primera farmacia de la Ciudad y una procuraduría en la que almacenaban, entre otras cosas, la yerba que se cultivaba en Misiones. ¿Y los túneles? Aunque se los da por "jesuíticos", no está documentado que lo sean.
 
En esta misma manzana funcionó la Junta de Temporalidades, un organismo que administraba los bienes de los jesuitas, y el Tribunal del Protomedicato, cuando entre 1780 y 1822 la corona española vigilaba el ejercicio de la medicina en el Virreinato del Río de La Plata​. También la Imprenta de Niños Expósitos; la Universidad de Buenos Aires (en el mismo sitio en donde durante muchos años funcionó un estacionamiento), y la Academia de Medicina (1822). Y eso no es todo, en 1865 allí estaba el Departamento de Ciencias Exactas que dio origen a las actuales Facultades de Arquitectura, Ingeniería y Ciencias Exactas de la UBA. Además, fue sede de la Academia de Jurisprudencia, de la Biblioteca Nacional y del primer teatro, el primer museo y el primer banco de la Ciudad.
 
Aunque en este sitio todo está vinculado a la historia y al origen de Buenos Aires y del país, se encuentra en un estado preocupante. Por estos días comenzó el primer paso de una restauración que tiene mucho de paliativo: se colocaron andamios de protección en la esquina donde Perú y Alsina confluyen con una ochava sobre Diagonal Sur. Esa fachada se encuentra en un estado muy precario, con plantas creciendo por todos lados y mampostería en riesgo.
 
Detrás de esta fachada se encuentra lo que fue la procuraduría jesuítica, una construcción que sufrió mutaciones a lo largo de los años. Por el momento, sólo su patio puede ser visitado, porque el resto se encuentra inaccesible.
 
¿Qué pasó hace 300 años en este edificio de dos plantas, construido con ladrillos de adobe? Lo cuenta Norberto Levinton, arquitecto, doctor en Historia y experto en el paso de los jesuitas por el país. "Aquí depositaban lo que venía del exterior, como anzuelos para pescar, papel, obras de arte, herramientas y libros. Y desde aquí distribuían estos objetos hacia Córdoba y Misiones. También era el depósito de la yerba misionera que llegaba en balsas. La traían los indios, quienes se quedaban a dormir. Y luego la yerba viajaba desde Buenos Aires en mulas hacia Chile y también a Perú. La madera de las embarcaciones también se vendía, porque no servían para navegar río arriba. Los indios luego regresaban a Misiones a caballo o en carretas", detalla. 
 
Desde la Dirección Nacional de Museos, que depende de la Secretaría de Cultura de la Nación, explicaron a Clarín que desde que comenzó la gestión actual, el foco estuvo puesto en recuperar el manejo de la Manzana: "Este sitio no posee una colección propia, por eso pensamos que podíamos reconvertirla y ponerla a funcionar como un espacio de formación y administración de todos los museos. Pero nos encontramos con una complejidad estructural importante, con un funcionamiento muy precario en muchos sentidos. Estimamos que entre el 30% y el 40% de los espacios estaban tercerizados de manera irregular. Funcionaba un mercado de pulgas, un restaurante y un estacionamiento. Algunas de las personas que explotaban estos espacios se fueron en buenos términos, y otros tuvieron que ser desalojados", dijo Federico Fischbarg, al frente de la dirección.
 
 
"La Manzana transitó 40 años de maltratos. Es necesario redefinir su identidad para ponerla como un hito. Que todos los vecinos y los turistas la incluyan dentro del radar de sitios a visitar", concluye Fischbarg. La tarea quedará entonces para la próxima gestión.
 
Mientras tanto, en esta primera etapa ya concluyó la colocación de este andamio que cubre la fachada y protege el paso peatonal. En una segunda parte, un estudio de arquitectura desarrollará el proyecto -tienen cuatro meses para realizarlo- y recién ahí comenzaría la obra concreta de restauración, que incluye trabajos en la cubierta de una parte del complejo.
 
Los fondos -3 millones de dólares- fueron aportados por la UNOPS, un organismo que depende de Naciones Unidas. Y, según explicó Fischbarg, aunque se diera un cambio de gestión, las obras deberían hacerse porque la partida está asignada y no puede usarse para otro fin. 
 
La única organización que continúa con presencia en el lugar es el Instituto de Investigaciones Históricas de la Manzana, que organiza las visitas guiadas (de lunes a viernes a las 15, y sábados, domingos y feriados, a las 15, 16.30 y 18).
 
María Inés Rodríguez Aguilar, vicepresidenta de la institución, consideró "que existe una mirada banal sobre los vestigios del pasado. Todo lo que ocurre en torno a la Manzana ha sido un rosario de frustraciones. Para poner en valor este sitio tiene que haber una confluencia de actores que estén realmente interesados en el patrimonio; y claro, mucha inversión. Debe encararse un proyecto que logre recuperar este patrimonio que es invalorable. Sólo para dar un ejemplo, bajo la superficie hay túneles de más de 150 años. La gente ama los túneles y sus historias. Acá los tenemos abandonados e inaccesibles para el público", lamentó la licenciada en Historia.
 
Cuenta Levinton que, pese a la creencia general, no está documentado que los túneles sean jesuíticos. "Se construyeron después de la expulsión de los jesuitas. Y se pensaron como un método de defensa para cortar el avance de posibles invasores. Funcionaron muy bien en la estrategia contra las invasiones inglesas. Desembarcaron en el sur de la Ciudad y avanzaron por lo que hoy son Perú y Bolívar. Ambas calles estaban comunicadas por túneles y esto facilitó que la guarnición militar argentina estuviera conectada para repeler el ataque invasor", explica el historiador.
 
CLARIN.COM